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©  Vivi Berthet 2018. Todos los derechos reservados.

viviberthet@hotmail.com

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Vivi Berthet (Entre Ríos, Argentina) es artista plástica. Trabaja con técnicas mixtas, utilizando pinturas acrílicas, arena, cola, brea, hilos, y restos de maderas y metales. Incursionó en la intervención de objetos y en el modelado de metales. Se formó en los talleres de Ricardo Rapuzzi,  Paula Rivero, Adrián Soto y  Rebeca Mendoza.

Participó en diversas exposiciones individuales y colectivas, muchas de ellas con causas benéficas. En 2016 y 2017 dispuso de un stand propio en BADA (Boutique de Arte Directo de Artista) en La Rural, y estará presente también este año.

Además de ser artista plástica, Vivi Berthet es Licenciada en Relaciones Públicas e Institucionales por la UADE y Magister en Dirección Comercial (CMO) por la UADE Business School. Desde hace diez años ejerce como profesora de grado, posgrado, maestrías y brinda capacitaciones grupales y/o personalizadas en oratoria y redacción.

Actualmente, Vivi ofrece seminarios en técnicas mixtas dentro del marco de su propio taller, ubicado en Devoto, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Vivi Berthet (Entre Ríos, Argentina) is a plastic artist. She works with mixed mediums, utilizing acrylic paints, sand, glue, tar, thread, and salvaged wood and metals. She also incorporates repurposed objects and sculpted metal into her work. Vivi Berthet studied with artists such as Ricardo Rapuzzi, Paula Rivero, Adrián Soto and Rebeca Mendoza.

She has participated in diverse exhibitions, both individual and collective, many of them with charitable causes. In 2016 and 2017 she had her own stand in BADA (Boutique de Arte Directo de Artista) in La Rural, where she will be presenting her work this year as well. In addition to being a plastic artist, Vivi Berthet has a degree in Public and Institutional Relations by UADE and a Master in Business Management by the UADE Business School. For the past 10 years she has been a university professor, and provides group and individual training in public speaking and writing.

Pintar casi la luz

 

Por Walter Cenci*

  

Cuando Roland Barthes sostiene que escribir es un verbo intransitivo, supone que su acción no implica como valor fundamental transitar a un objeto, producir una obra en particular, quiere indicar que lo prioritario, lo singular es la acción misma, que se recrea, que se potencia a sí misma. También le compete este destino intransitivo a otros lenguajes expresivos, a otras prácticas, cuya eficacia es volverse sobre sí, confirmarse una y otra vez: como un mantra, cuya resolución es repetirse para ser siempre diferente, para ser el río de Heráclito, una y otra vez igual y distinto. Se ha encontrado que los cuadros de Van Gogh tienen varias capas de pintura, una obra entierra a lo otra en una sedimentación de óleo: no se trata de pintar un cuadro, sino pintar, sostener la acción, perdurar en el gesto.

Así, cuando el espíritu del arte se manifiesta en una artista, como emerge en Vivi, sucede que la obra comienza a madurar no sólo como un producto, sino como una fuerza, como un gesto permanente que necesita salir de sí. De este modo, una obra, un cuadro como los que ella ofrece, son un objeto, tienen una dinámica propia, su cualidad estética, pero al mismo tiempo son una experiencia de creación continua, nunca definitiva; ofrecen la potencia del gesto de creación. De la misma manera que un vestido definitivamente bello anularía para siempre a la moda, como dice Barthes, también en el arte, si una obra fuera definitivamente bella, no habría más necesidad de crear. Y si un cuadro en su fin en sí mismo, como debería suponerse, lo es sólo en función de dejar en suspenso la forma definitiva de la belleza.

Esta pasión por pintar, que se filtra en la obras de Vivi, manifiesta esta doble cuestión: ser por un lado la presencia continua de querer pintar (como verbo intransitivo), y la realización efectiva de obras (forma transitiva de la pasión por pintar que crea obras). Sólo por sostener la pasión por pintar se produce obra y ellas se sostiene porque ellas afirman el hecho de pintar. Cada pintor, cada artista sabrá –si fuera posible para él- qué está poniendo en escena en su pintar, qué dice su obra, qué sostiene su pasión, y al mismo tiempo la obra misma habla por él, pero de una manera alusiva, a veces diciendo más para el receptor que para él mismo. Cuando una pintura como la de Vivi llega a la contemplación, tiene esta doble potencia, habla de ella y también la oculta, dice de su pasión por pintar, pero algo queda enigmático en su creación, invitando al espectador ya sea a auscultar en la profundidad de su pintura, como también a otear, a mirar en su pura superficie, en el juego de signos, de materiales, de texturas que ofrece.

Si bien la obra de Vivi responde a la exigencia de Aristóteles quien plantea que para concebir a una creación como lograda, a ella no se le debe agregar ni quitar nada, porque ha logrado ya su perfección, porque ya sostiene toda la energía y el poder conceptual que genera, también se da otro fenómeno. Los cuadros de Vivi tienen una particular condición: le ofrecen al espectador imaginar otras maneras de resolución, otro manejo posible de las técnicas, de los colores, de las formas; lo invitan a sumergirse en una exploración creativa, puede hacerse en el acto contemplativo, nuevas posibilidades, otros recorridos; se puede ser co-creador y por lo tanto no ser sólo pasivo en la recepción sino hacer vivir el cuadro con otras posibilidades. Cada creación de Vivi se resuelve en sí misma, pero tiene la potencia de invitar a mirar, a crear, a dar nuevas configuraciones y, por tanto, a ser, de alguno modo, artistas con su obra.

 

Recordaba un pintor a sus amigos que Van Gogh nos enseñó a ver el amarillo; no sólo pintó con frecuencia, con obsesión ese color, ha logrado que lo veamos, que aprendamos a resaltarlo, a descubrirlo en objetos, en matices, en ángulos y luces diversas: aquí en un girasol, allí en una pared, más allá en un sol hiperbólico e hipnótico. También Lucio Fontana ha hecho posible dar una nueva visibilidad al rojo, recortado en la tela, un rojo tajeado, sobreviviente en la superficie. Yves Klein hizo del azul su aventura: invadió los objetos más diversos más allá de los lienzos, las paredes, los objetos, los cuerpos, las estructuras más variadas fueron envueltos en este peripecia monocromática y artificial.

Cada pintor debe tomar un sendero que exprese su forma de afirmación de la pintura: un color, una técnica, un material, un lenguaje, un estilo. En el caso de Vivi Berthet, la presencia del azul es un rasgo distintivo en este momento de su proceso creativo, es la forma expresiva de su propia cualidad artística; pero no es un azul industrial, desafectivizado como en Klein, sino una suerte de textura, de superficie porosa, que inscribe y habla. La obra de Vivi parece haber entendido la lección que la fotografía le ofrece a la pintura, no la de retratar la realidad, sino de escribir con luz: foto-grafía. El color de y en su obra es la presencia de la luz, que parece desprenderse del objeto, jugando con los materiales, yendo desde la materia de los cuadros, hasta la mirada. Pero también genera el efecto inverso, que la luz de la mirada se pose en el cuadro, convocada de una manera particular. Esta manera singular está marcada por la posibilidad de hacer que el color recuerde su origen en la luz, que él es casi luz. En los cuadros de Vivi resuena la expresión de Platón: la imagen es la intersección de dos fuentes lumínicas, una que viene del objeto y otra que proviene de la mirada. Una imagen artística, cuando es lograda, como aquí, tiene que hacer presente a ambas fuentes, tiene que rescatar su origen y poder encontrar su destino en la mirada receptora, atenta a que ella también se inscriba, deje su rastro, en el acto de contemplación. La materia es una intersección para el viaje de la luz y el color, es una materia lumínica, un vector privilegiado con el cual un artista, como ella, logra darle un trayecto efectivo.

El azul de Vivi también nos recuerda que es blue, que es un color y un tono afectivo, la nota visual de la tristeza: pero aquí es un color que muestra un trabajo de duelo triunfal, como toda obra de arte que logra consumarse y cautivarnos. La obra de Vivi conjura, como dice Baudrillard, la propia tristeza, de la cual somos cómplices, y la de los demás, de las que somos sus cautivos.

 

 

* Walter Cenci, es doctor en Psicología por la Universidad del Salvador. Se desempeña como profesor de Psicología del Arte y Estética en la Universidad Nacional de San Martín y en la Universidad Argentina de la Empresa. Entre sus libros se destacan, entre otros: Estéticas de la alteridad. Lenguaje, cuerpo y tecnología en el arte contemporáneo (2004), Conclusiones. Arte, azar y pensamiento en Trías, Deleuze y Baudrillard (2009) y El arte o la sombra de sí mismo. Imagen y escena en la estética contemporánea (2011).